"When I look back on our story, I think that It is not important, right? Because I've always been wrong about them. They were not the best people as I thought. There are more people in the world to share the life....."
Un día mientras caminaba, me vino a la mente algo: "La cuna de todo rencor infundado, es cuando olvidamos quien es la persona que debe pedir disculpas a la otra". Lo pensé por un rato, después lo dejé ir, como se deben hacer todas las cosas y pensamientos que no nos llevan a nada. Pensé que era momento de irse con más cuidado por la vida, aún más cuidado, aunque finalmente, la decepción son como unas gafas que nos ayudan a ver las cosas como realmente fueron desde el principio, pero que por miopías emocionales parecían borrosas ente mis ojos.
Pero, a todo esto ¿Existe D.R.A.G? Bien, es simple de decir, pero complejo al explicar. Los llevaré a lo profundo de mis memorias, porque solo desde ahí se puede ver con mayor claridad.
*Cuarto frío, húmedo y oscuro* El es D.R.A.G (lo señala con su dedo medio en la lejanía) Como pueden ver, es una estatua hecha añicos sobre el piso, un objeto que no me interesa restaurar una vez más. Alguna vez fue una estatua que siempre vivió a la sombra de otras, de su escultor, de un telón imaginario. Era muy bella a lo lejos, pero entre más te acercabas podías ver las grietas que la cubrían, sin embargo, creía que su belleza le duraría para siempre, porque era lo único que veía, ya que nunca tuvo una historia conmovedora que contar, un significado más allá de su hermosa estética. Pero apuesto que mientras presumía a los demás su belleza, en soledad no era capaz ni de mirarse al espejo.
Estaba hecha de marfil poroso, así que en cualquier momento podía romperse, por eso nunca daba paso sin la compañía de su ejército, ni de su pasado ni de su coraza. Era tan cobarde que ni por el ser más amado se hubiera arriesgado para correr en su auxilio, estando este en peligro.
Cuando una vez puse mi corazón en sus manos, lo miró, se tambaleó y lo dejó caer, justo cuando su escultor la estaba mirando con desaprobación. Finalmente me ahuyentó de su recinto, para después tomarlo como abandono, quedando yo como la villana del cuento.
Debería haber sabido que los corazones son muy delicados, por eso cuando alguien lo saca de su pecho para uno, no se debe dejar a la persona con la mano estirada o tirárselo así como así y menos si afuera está lloviendo y tiene que regresar sola a casa.
Debería haber sabido que los corazones son muy delicados, por eso cuando alguien lo saca de su pecho para uno, no se debe dejar a la persona con la mano estirada o tirárselo así como así y menos si afuera está lloviendo y tiene que regresar sola a casa.
La estatua tenía además dos caras, era extraña, poco común. Mientras una de sus caras me sonreía, la otra ya estaba frunciendo del ceño, en señal de que yo no debía estar ahí mirándola. Por otro lado, algunas de sus partes eran muy pequeñas, algo que le causaba peculiar complejo al compararse con el resto de las estatuas, por lo que lo devolvía con insultos a su exterior.
A veces era buena y se arrastraba por quienes la maltrataban, quienes hacían más profundas sus grietas, pero ahuyentaba a quien las intentaba rellenar, sintiéndolo como una amenaza de la cual debía huir, porque esa estatua amaba sus heridas.
Nunca nadie le dijo que lastimar a los demás para después fingir que nada ha pasado, es una factura que algún día tenía que pagar y que engañar a varias personas a la vez, detrás del velo de la bondad, es otra de las cosas que a mí ya no me toca perdonar.
Nunca nadie le dijo que lastimar a los demás para después fingir que nada ha pasado, es una factura que algún día tenía que pagar y que engañar a varias personas a la vez, detrás del velo de la bondad, es otra de las cosas que a mí ya no me toca perdonar.
Es por eso que esta vez no me preocuparé por restaurar esta estatua que se encuentra ante mí hecha añicos, una estatua que se ha caído del pedestal donde una vez la coloqué con mucho gusto y amor. Sé que todos merecemos una segunda oportunidad, pero talvez ya no una tercera, cuarta, quinta... vigésima. No soy esponja para absorber sus impurezas, porque al final no era tan pura como creía, siempre tuvo en su interior algo oscuro que irradiaba de adentro hacia fuera. No era una estatua tan majestuosa, tenía grietas, deformidades, estaba porosa por dentro, tarde o temprano tenía que caer y romperse en mil pedazos.
Es curioso, porque ahora cada uno de sus pedazos que están sobre el suelo, cuando los miro desde arriba, puedo ver claramente dibujada la palabra "Idealizar". Pero, esta vez en lugar de quedarme de rodillas recogiendo pedazo por pedazo, simplemente sigo mi camino pensando que las estatuas son frágiles y casi siempre se rompen, y que las personas también somos frágiles pero no nos rompemos tan fácil.
Eso es...era D.R.A.G..

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